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Fuera del mapa del hambre: qué significa y qué nos falta

Guadalupe Valdez


En los últimos días, el anuncio de que la República Dominicana redujo la prevalencia de la subalimentación por debajo del 2.5% —situándonos fuera del mapa del hambre de la FAO— ha generado un debate público necesario. Como ciudadana, defensora del derecho humano a la alimentación y desde la experiencia de haber servido como Embajadora de Buena Voluntad de la FAO para el Hambre Cero en América Latina y el Caribe, considero indispensable aportar claridad técnica y política sobre lo que esta noticia significa y sobre lo que aún nos exige como nación.


La inquietud de comunicadores, analistas y ciudadanos por el costo de la canasta básica y la inflación alimentaria es legítima y comprensible. La realidad económica cotidiana de las familias dominicanas no se resuelve con un indicador. Precisamente por eso, para profundizar la democracia y fortalecer la gestión pública, debemos precisar qué mide y qué no mide el informe oficial de la FAO (SOFI).


1. Qué mide realmente la cifra. La Prevalencia de Subalimentación no mide poder adquisitivo ni equivale a la erradicación de la pobreza. Mide la proporción de la población que no accede diariamente a la cantidad mínima de calorías necesarias para llevar una vida activa y sana. El "menor a 2.5%" es, además, el piso metodológico de la serie: por debajo de ese umbral la FAO no reporta cifras exactas. Estar fuera del mapa significa que la privación calórica extrema descendió a mínimos históricos en términos comparativos regionales. Es un avance real, y también un avance acotado.


2. No es el mismo reconocimiento de 2013. Se ha sugerido que este anuncio repite uno anterior. No es así: se trata de dos agendas globales distintas, con metas distintas, en momentos distintos. En 2013, la República Dominicana alcanzó la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio —la agenda 2000-2015— de reducir el hambre a la mitad, pasando de 32.5% a 15.6% de subalimentación. En 2026 alcanza un hito diferente, dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible —la agenda 2015-2030 que sucedió a los ODM—: descender por debajo del 2.5%, el umbral que la FAO utiliza para retirar a un país del Mapa del Hambre. Reducir a la mitad una prevalencia alta y llegar al piso estadístico de la serie son logros de naturaleza y exigencia distintas. Confundirlos no solo desinforma: invisibiliza trece años de trabajo sostenido entre uno y otro.


3. Un logro de la sociedad y una política de Estado. Esa continuidad es, justamente, la explicación de fondo. La reducción del hambre es resultado de políticas públicas sostenidas por más de una década y por gobiernos distintos. Un hito trascendental fue la aprobación por unanimidad de la Ley 589-16 de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, que dotó al país de un marco jurídico e institucional propio. A ello se suman los avances del Programa de Alimentación Escolar del INABIE, el fortalecimiento de los Comedores Económicos, los subsidios sociales focalizados y la capacidad de la producción nacional para abastecer una porción mayoritaria del consumo interno de alimentos básicos. Son pilares construidos colectivamente, con el concurso de organizaciones sociales, productores y academia.


4. El desafío que sigue abierto: nutrición y costo de los alimentos. La propia FAO advierte que salir del mapa del hambre no es un punto de llegada, sino un escalón. El SOFI mide también el costo y la asequibilidad de una dieta saludable, y es ahí donde se ubica hoy el reto de la República Dominicana y de toda la región: millones de personas consumen calorías suficientes pero no una dieta adecuada. El sobrepeso, la obesidad, la anemia y las deficiencias de micronutrientes conviven con la reducción del hambre. A eso se suma el impacto de los precios internacionales de los insumos agrícolas sobre los alimentos locales. Quien hoy señala el costo de la canasta básica no está contradiciendo el dato de la FAO: está señalando el indicador siguiente.


Garantizar la seguridad alimentaria no debe ser tema de confrontación partidaria, sino causa de soberanía nacional e institucionalidad. Reconocer los avances que validan los organismos internacionales nos permite focalizar el debate donde realmente hace falta: cómo legislar y gobernar para que la alimentación sana, nutritiva y asequible sea un derecho consagrado y no un privilegio.


Desde mi compromiso de vida con la equidad y la justicia económica y social, invito a los distintos sectores sociales y políticos a aunar esfuerzos para consolidar sistemas alimentarios sostenibles, justos e incluyentes para cada familia dominicana.


El hambre no tiene color político. Erradicarla es una responsabilidad ética de toda la sociedad.


Guadalupe Valdez

Ex Diputada Nacional al Congreso de la República Dominicana

Embajadora de Buena Voluntad de la FAO para el Hambre Cero en América Latina y el Caribe (2016-2020)

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